Alberto Cortés y Facundo Cabral


No me llames extranjero


No me llames extranjero
porque haya nacido lejos,
o porque tenga otro nombre
la tierra de donde vengo.


No me llames extranjero
porque fue distinto el seno,
o porque acunó mi infancia
otro idioma de los cuentos.


No me llames extranjero,
si en el amor de una madre
tuvimos la misma luz
en el canto y en el beso,
con que nos sueñan iguales
las madres contra su pecho.


No me llames extranjero,
ni pienses de dónde vengo,
mejor saber dónde vamos,
adónde nos lleva el tiempo.


No me llames extranjero,
porque tu pan y tu fuego
calman mi hambre y mi frío,
y me cobija tu techo.


No me llames extranjero,
tu trigo es como mi trigo,
tu mano como la mía,
tu fuego como mi fuego,
y el hambre no avisa nunca,
vive cambiando de dueño.


Y me llamas extranjero
porque me trajo un camino,
porque nací en otro pueblo,
porque conocí otros mares
y un día zarpé de otro puerto,
si siempre quedan iguales
en el adiós los pañuelos,
y las pupilas borrosas
de los que dejamos lejos,
los amigos que nos nombran,
y son iguales los rezos
y el amor de la que sueña
con el día del regreso.


No, no me llames extranjero,
traemos el mismo grito,
el mismo cansancio viejo
que viene arrastrando el hombre
desde el fondo de los tiempos,
cuando no existían fronteras,
antes que vinieran ellos,
los que dividen y matan,
los que roban, los que mienten,
los que venden nuestros sueños,
ellos son los que inventaron
esta palabra, extranjero.


No me llames extranjero,
que es una palabra triste,
es una palabra helada,
huele a olvido y a destierro.


No me llames extranjero,
mira tu niño y el mío,
cómo corren de la mano
hasta el final del sendero.


No los llames extranjeros,
ellos no saben de idiomas,
de límites ni banderas,
míralos, se van al cielo
con una risa paloma
que los reúne en el vuelo.


No me llames extranjero,
piensa en tu hermano y el mío,
el cuerpo lleno de balas,
besando de muerte el suelo.


Ellos no eran extranjeros,
se conocían de siempre,
por la libertad eterna
igual de libres murieron.


No me llames extranjero,
mírame bien a los ojos,
mucho más allá del odio,
del egoísmo y del miedo,
y verás que soy un hombre,
no puedo ser extranjero,
no me llames extranjero.