José Luis Perales


No supo decir no


Hoy lo puedes ver tirado en la acera
de una ciudad cualquiera de cualquier lugar,
extenuado y frío como un jinete herido,
derribado de un caballo con alas de plata
y blanco que a su grupa lo quiso llevar.


No supo decir no.
No supo decir no, no, no, no, no,
era tan sólo un juego, una experiencia más.
No supo decir no.
No supo decir no, no, no, no, no,
cuando alguien se acercó y le invitó a volar,
al salir de la escuela una tarde de sol.


Hoy lo puedes ver lamiendo su herida,
pidiéndole a la vida otra oportunidad,
buscando una salida para empezar de nuevo,
o esperando una mano que le abra las puertas del cielo,
donde todo será mejor.


No supo decir no.
No supo decir no, no, no, no, no,
era tan sólo un juego, una experiencia más.
No supo decir no.
No supo decir no, no, no, no, no,
cuando alguien se acercó y le invitó a volar,
al salir de la escuela una tarde de sol.


No supo decir no.
No supo decir no, no, no, no, no,
cuando alguien se acercó y le invitó a volar,
al salir de la escuela una tarde de sol.
No supo decir no.