Paco Stanley


Poema a la madre


Yo fui medio consentido
por ser el hijo menor,
y ya mi hermano el mayor
me llamaba "el preferido".


Razones habrá tenido,
que cuando me perseguía,
detrás de ella me ponía,
y ya estaba defendido.


Si mi padre me mandaba
"a la cama sin cenar",
la veía aparecer
haciéndose la enojada,
y a escondidas me pasaba
la parte mía en un plato,
"y a la próxima, te mato",
me decía y lagrimeaba...


Aquel delantal mojado
de lavar en la pileta,
que retorcía tan inquieta,
porque alguno había avisado
que su hijo se había peleado
con otro chico en la esquina,
y al rato yo aparecía
con un ojo amoratado...


Me acuerdo lo que sintió
la vez del pantalón largo,
fue un momento muy amargo,
me miraba, me tocó,
decía: "cómo creció,
si ayer lo hacía dormir",
y al quererse sonreír,
el llanto la traicionó.


Igual que muchos creí
que sabía demasiado,
por unos labios pintados
del lado de ella me fui,
y aquel día en que volví,
arruinado y amargado,
en vez de dejarme a un lado,
se puso a rezar por mí.


Cómo castiga la vida,
cómo traiciona la gente,
cómo se dobla la frente
por un plato de comida,
no hay uno que no te pida
su parte por un favor,
y se calcula el valor
que pueda tener tu herida...


Sólo ella, ella comprende
el dolor de tu mirada,
porque su vista cansada
desde niños nos entiende,
sólo ella te defiende
porque eres su misma sangre,
y sólo te da una madre
la amistad que no se vende.


Yo quería hacerle versos
como ella los merecía,
los empecé tantas veces,
y no salgo del comienzo,
es que a una madre,
es que a una madre, yo pienso,
que qué se le puede escribir,
sólo se puede decir
en la ternura,
en la ternura de un beso.