Belleza de la amistad

La amistad que se tiene con una persona, por una razón, ni impide ni ofende a la amistad que se tiene con otra, por una razón diferente.

La amistad comienza con la admiración, y se afirma y confirma en la liberación total y más pura. La pureza de su admiración excluye, de antemano, la posibilidad de caer en los celos y en el deseo exclusivo de posesión.

El verdadero amigo no tiene miedo de perder una amistad, ni siquiera cuando la distancia y el tiempo la hacen dormir bajo las cenizas del silencio y de la ausencia prolongada. Cuando vuelva el amigo, encontrará la amistad que siempre hubo.

Por eso la amistad no puede ser buscada o cazada, ni obedecerá a los imperativos de la voluntad y del deseo, ni puede ser cultivada con el afán de no perderla. La amistad es simplemente un sentimiento íntimo y libre, bonito, limpio y gratuito.

El amigo no condiciona ni controla, no clasifica ni pasa factura, no se apodera de nada ni dice que es suyo, no depende ansiosamente ni tiene miedo de perder lo que floreció graciosamente y está fructificando en sus jardines.

Su sentimiento es de paz y contemplación, de alegría serena y de admiración feliz, ante ese misterio tan rico y esa riqueza tan misteriosa que es el otro.

Ese otro es como un lago de aguas limpias, en el que se refleja, sin temor alguno, su vocación de querer. El otro es una fuente, o tan bueno, o tan grande, o tan sabio, o tan hermoso, o tan maravilloso, o tan inteligente, o tan atractivo, que nuestra admiración se detiene y se complace en él rindiendo todas nuestras armas, sin medir riesgos ni pesar ventajas. Pero no se detiene para arrebatar para sí mismo esa belleza, o esa bondad, o esa inteligencia, o esa grandeza, para disfrutar egoístamente de ella, sino, simplemente, para hacerle eco y para extasiarse con su admiración.

En la amistad, la aproximación al otro se realiza, no ya para romper nuestra soledad o la de él, sino para que la grandeza del amigo encuentre en nosotros, simplemente, un admirador cautivo y cautivado.

En la amistad, de hecho, no hay una seducción, en términos de posesión, sino una fascinación, en forma de éxtasis.

La razón de la amistad es la admiración, y sólo puede perdurar en un clima de absoluta libertad. Por consiguiente, cualquier intento de pasar factura, señalaría el comienzo del fin de una verdadera amistad.