No dejes de llamarme amigo

Amiga, no dejes nunca de llamarme amigo. Esa palabra es mejor que decir "mi amor", porque los amores vienen y se van, los amigos llegan a quedarse sin pedirlo.

Son inmutables al calentamiento global, la destrucción de la capa de ozono, y las caídas de precios en Wall Street.

Si pierdes un amor se te rompe el corazón; al perder un amigo se te rompe la vida. Amiga, por eso, no dejes de decirme amigo.

Y si alguna vez yo dejo de llamarte amiga, sólo debes sacudirme fuerte del hombro, para recordarme que ha sido esa mano la que me ha sacado tantas veces del hoyo.

Amiga, si llegamos un día a ser amantes, no olvides jamás que antes fuimos amigos; si somos lo que ahora somos entre suspiros, es por lo que fuimos antes entre consejos y risas.

Por eso, amiga, nunca dejes de decirme amigo; porque el amor mueve el mundo entero, pero la amistad, con su calor inmenso, infinito, es el que da vida a todos los mundos que existen.

Amiga, si sucede que dejas de llamarme amigo, recuerda que el alma tiene memoria de elefante, y cuando vuelvas a decirme: "hola, amigo", mi alma hará memoria, daré un gran suspiro y diré, como si hubiese sido ayer que nos vimos: "¡hola, querida amiga!"