Consejos para no morir solo

Sucede casi siempre que las relaciones que el amor comenzó, concluyen por no tener más lazos que el del deber. ¿Es que la satisfacción del amor mata el amor? ¡No! Es que el amor es avaricioso, insaciable, activo, es que no se contenta con los sacrificios hechos, sino con los sacrificios que se hacen, es que es una gran fuerza inquieta que requiere grandes alimentos diarios, es que es el único apetito que no se sacia nunca. No es que anhele cuerpo que lo sacie, es que sólo la solicitud incesante, tierna, visible y sensible alimenta.

Creen las mujeres con error, y creen los hombres, que una vez dada la prenda, la prenda del cuerpo, el beso sacudidor, todo está dado y todo conseguido.

¡Oh, no! El alma es espíritu y se escapa de las redes de la carne. Es necesario conquistarla con espíritu. Un beso presente desarruga la frente, no basta desarrugar la frente, no basta a desarrugar el calor entibiado de muy amantes besos anteriores. Ni amante ni amada han de dejar que la falta de frecuencia de mutuas solicitudes, reveladoras de constantes pensamientos, la necesidad al alma siempre ardiente del alimento de que vive, y la empujan a buscarlo o la proponen aceptarlo, si los azares de la vida se la ofrecen. Las atenciones amorosas que se dan son un cuerpo de resistencia que se hace en el alma del ser amado contra la invasión de tanta ajena compensación inteligente, premio sabroso, dulcísimo trabajo. Dando a otro ventura fabricamos la nuestra; siendo tiernos elaboramos la ternura que hemos de gozar nosotros. Y sin pan se vive, sin amor no. No ha de desperdiciarse ocasión alguna de consolar toda tristeza, de acariciar la frente mustia, de encender la mirada lánguida, de estrechar una mano caliente de amor.

Perpetua obra, obra de todo instante es la ternura. Si no, el pensamiento no satisfecho busca empleo. Hay una palabra de toda táctica del amor. Rocío, goteo. Que haya siempre una perla en la hoja verde, una palabra en el oído, una mirada naciente en nuestros ojos, en nuestra frente un beso húmedo. El que así no ame, no será jamás amado, caerá. Caerá y volverá a caer, y clamará desesperado y se perderá en abismos negros, y morirá solo.


José Martí