Contigo aprendí

Contigo aprendí que la presencia del espíritu es tanto o más perceptible que la física, que no sólo las manos pueden acariciar, que no sólo se necesita la boca para besar, que el cariño se traduce no sólo en la mirada o en el gesto, y que la pasión no necesita la cercanía de los cuerpos para hacer explosión.

Contigo aprendí que dejar volar la imaginación no es sólo para los niños, que puedo volver a creer en los valores perdidos, que mi interior está intacto, que puedo vibrar, soñar, sentir, desear, que sólo hace falta valor y permitirnos vivir nuestra vida en libertad.

Contigo aprendí que hay una fuerza superior que derriba obstáculos, superando toda adversidad, que sólo debo abrir mi corazón y permitirle volar sin miedo, con la convicción de que al amor nadie, nunca lo vencerá.