A mí nadie me gana

¿Cómo saber si sufres del mal “A mí nadie me gana”? Observa estas situaciones y evalúa si te ves reflejado allí:

- Conduces tu auto a unos 40 km. por hora por una avenida. Otro vehículo acelera para pasarte. ¡Oh, casualidad! Pisas el acelerador y subes la velocidad para demostrar quién manda en la calle.

- Estás en un evento social y alguien está opinando sobre un tema con conocimiento en la materia. Habla con solidez. Eso te resulta insoportable. El calor sube por todo tu cuerpo. Entonces lo interrumpes constantemente para desautorizarlo más allá de que digas una barbaridad tras otra.

- Tu esposa opina que determinadas cortinas son las más adecuadas para ambientar el comedor. Ni siquiera la escuchas. Puede ser que la idea de ella sea la más acertada. En realidad no tienes la más mínima idea sobre cortinas. Pero a ti nadie te gana. Pretendes imponer tu opinión y comprar algo totalmente distinto.

- Uno de tus vecinos, con mucho esfuerzo, pudo modificar el frente de su casa. Como no te puedes quedar atrás, se te ocurre invertir tus ahorros en refacciones hogareñas. ¿Destinados a qué sector de la casa? Sí, adivinaste: el frente.

- Tu exnovia se mueve por el mundo como si no le hubiera afectado la separación. Tú estás en un pozo del que nadie te saca. Entonces piensas opciones: “Intentaré destruirla”, “Saldré con alguien para no quedar como un perdedor”, o “Haré todo lo posible para que mi ex se entere de que estoy espléndido”.

- Cada vez que te derrotan en una competencia deportiva encuentras algún argumento para quitarle valor al triunfo del adversario de turno.

Quizá la educación que te dieron apuntó a comparaciones directas e indirectas donde sentías que te posicionaban en un lugar inferior. Quizá te pareció que tus padres querían más a otras personas de lo que te querían a ti. Quizá compraste tanto el discurso de esta cultura competitiva que terminaste pensando que la vida se transforma en un asunto de ganadores y perdedores. Hay una raíz que está alimentando el estilo competitivo. Descubrir y sanar esa raíz ayudaría bastante para empezar a vivir en paz.

Te voy a dar un consejo para que nadie te gane. Simplemente no compitas. Te quieren pasar con el auto, deja el carril libre. Tu autoestima no puede depender del rendimiento de un automóvil. Déjate enseñar por aquellos que saben más que tú sobre algún tema. No seas envidioso y permite que los otros puedan disfrutar de aquellas cosas que le generan felicidad.

No puedes ser el que siempre vaya más rápido, el que tenga todos los juguetes, el entendido de todos los temas, el más lindo, simpático, etc. Cada vez que te propones esto, terminas cansado, frustrado y enojado contigo y con los demás.

Amigo, si vives compitiendo, cada persona se convierte en tu rival. La torta de la vida tiene muchos pedazos. Saborea el tuyo. Compite, sí, con tu propio rendimiento. Busca cada día ser mejor, pero en tu carril. No mires a los costados y avanzarás más rápidamente.

Gustavo Bedrossian