Ámate

No hay otra forma de amar, que amando, y no hay mejor forma de amar, que dando. Pues no es amor aquél que espera siempre recibir algo a cambio. Es tan simple como que:

Si me amas, yo te amo; si me odias, yo te amo.

Si me abrazas, yo te amo; y si me golpeas, yo, también te amo.

Si cuentas conmigo, yo te amo; pero, si me ignoras, de igual forma te amo.

Si me admiras, yo te amo; pero, aún despreciándome, yo te sigo amando.

Si eres capaz de comprenderme, yo te amo; pero si no lo consigues, yo no dejaré de amarte.

Si te quedas, yo te amo; pero si tuvieses que marcharte yo te seguiría amando.

Hagas lo que hagas, te pongas como te pongas: yo te amo.

Es porque adoro mi libertad que respeto la tuya.

Es porque confío en mí que me atrevo a confiar en ti.

Es porque aprendo de mis errores que no deseo corregir los tuyos.

Es porque disfruto mis gustos que apruebo los tuyos.

Es porque tengo mis manías que comprendo las tuyas.

Es porque bendigo mis decisiones que sólo puedo apoyar las tuyas.

Es porque me acepto tal cual soy que te acepto tal cual eres, sin necesidad de cambiarte.

Es porque entiendo que somos iguales, en esencia, que no pretendo ser más o menos que tú.

Es simplemente porque yo me amo, que te amo. Por tanto, ámate a ti mismo primero más que a nadie en este mundo. Porque cuanto más te ames, más amor tendrás para compartir y repartir entre aquellos que lleguen a tu vida.

Por eso es tan importante que hayas aprendido a perdonarte, a aceptarte, a valorarte y a amarte como te mereces, para que puedas seguir el sabio consejo de Jesús cuando decía: "Ama a tu prójimo como a ti mismo" no vaya a ser que, a falta de amor, proyectes sobre los demás tu rencor, tu malestar y tu desilusión.

El amarse a sí mismo con madurez es parte del principio donde amas a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo. Amar a Dios es creer en un todo que es más grande que uno mismo, es cambiar, crecer, aprender, corregirse y confiar con optimismo en que aún las cosas que están fuera de nuestras manos, saldrán a nuestro favor si así lo pensamos.

Este amor es el que nos lleva a amarnos sabiendo que nuestro valor propio no debe de provenir de algo externo, pues lo externo es movible e inconstante. El valor que tenemos debe venir de la certeza de que todo lo que necesitamos y somos nació con nosotros; que no somos una casualidad o un accidente, sino que nuestra existencia tiene un propósito y sólo nosotros podemos hacer las cosas como las hacemos.

El que no se ama a sí mismo es incapaz de amar a otros, porque no se puede dar lo que no se tiene. Así que, por lo que más quieras: ámate.


Alison Salas