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Arranca de raíz tus vicios

No hace mucho tiempo conocí a un muchacho, al que llamaré con el nombre de Diego, que tenía graves problemas de drogadicción. Gracias a Dios, a su tenaz empeño y fuerza de voluntad, hoy se encuentra luchando valientemente por salir de este sombrío mundo, con resultados favorables para él. Una vez que estábamos conversando, Diego me habló de cómo fue que se inició en este vicio: "Me metí en las drogas por simple curiosidad y por la presión que ejercieron mis amigos sobre mí. No quería ser menospreciado, que me hicieran a un lado, por no estar a la moda..."

Bonitas palabras para colocarlas de epitafio en su tumba, si hubiera continuado por este camino. En las drogas, al igual que en otros vicios, no se puede incursionar "por simple curiosidad", restándole importancia a este hecho; no se puede llegar a la conclusión, como para justificarnos, de que "total, todos lo hacen" o "si no lo hago, soy un bicho raro y me veré marginado". Si tan sólo la gente tuviera una mínima idea de la serie de secuelas increíbles y fulminantes que conlleva este "total, todos lo hacen", créeme, lo pensarían dos, tres y cuántas veces fuera necesario.

Si realmente eres valorado por tus verdaderos amigos, ten la seguridad de que serás aceptado tal y como eres, sin necesidad de someterte a pruebas de ningún tipo.

Nunca tendrás idea del momento en que los vicios crecen dentro de ti, hasta lograr dominarte. Ya sea el alcohol, el tabaco, las drogas o los juegos de azar, cualquier puerta que se deje medio abierta, será propicia para que los vicios encuentren terreno fértil donde proliferar.

Cuando incursioné en el alcoholismo, empecé tomando muy poco. Tenía muy presentes las palabras de mi padre, cuando en una ocasión, al conocer mi "nuevo pasatiempo", me dijo:

-Echarse un trago no es malo. Lo único que tienes que recordar siempre es que el licor no se va a acabar mañana, por lo que no tienes que tomártelo todo hoy...

Estas palabras, aunadas a su ejemplo (mi padre casi no toma), hicieron mella en mi carácter. Por eso, procuré no beber más de la cuenta, razón de más para nunca considerarme un enfermo alcohólico. Por el contrario, como se dice en los grupos de tomadores, me consideraba un "bebedor social". El problema fue que mi ritmo fue más acelerado que el de mi padre (tomaba poco, pero muchos días a la semana). En esa época, cuando alguien me aconsejaba que era bueno que me alejara del licor, le expresaba mi consentimiento al respecto:

-Es cierto. Tienes razón. Definitivamente debo dejar el trago; lo malo es no acordarme dónde.

Pero, ya poniéndome nuevamente serio, años más tarde sería consciente de la cruda realidad. Cuando una vez decidí dejar de tomarme unas cervezas, al menos durante algunos meses, no dudé en ningún momento de lo fácil que me iba a resultar esta determinación. Sin embargo, pasé tres meses terribles, con una sequedad tremenda en mi garganta y con sobradas ganas de ir a tomarme una "fría". ¡Por suerte, pregonaba que el licor no me tenía dominado! Para no dejarte con la intriga, hoy, a Dios gracias, me alejé de la bebida.

Recuerdo una pequeña historia de un joven que era prisionero de sus vicios y no sabía cómo liberarse de sus ataduras. Un día, su padre lo llevó al amplio jardín que tenían en su casa y le mostró tres árboles que estaban allí sembrados, uno muy pequeño, otro un poco crecido y el último más desarrollado. Señalándolos, el padre le ordenó que los arrancara sólo con sus manos.

El muchacho no tuvo mayores dificultades para arrancar el más pequeño. Es más, salió con mucha facilidad. El segundo fue un poco más problemático de desarraigar, pero, al final, pudo lograrlo. Sin embargo, el último le fue imposible sacarlo, por más empeño que le puso. Ya estaba demasiado afianzado al suelo.

Fue en ese momento que el padre le dijo:

-Hijo, eso mismo sucede con tus vicios. Si no permites que extiendan sus raíces, lograrás arrancarlos con facilidad. Pero, si por el contrario, permites su desarrollo, entonces será muy difícil que puedas hacerlo.

Como puedes apreciar, no se trata de huir de los vicios despacio, ya que pueden alcanzarte. Se trata de que éstos nunca lleguen a constituirse en dueños y señores de tu vida. Arráncalos de raíz de una vez por todas... ¡Libérate! Será mucho lo que ganarás con ello.


Eladio Alonso Valerio Madriz, Atenas, Costa Rica.

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