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Carta a ti misma

Hola, ¿cómo estás? Tal vez sea hora de que te diga la verdad. No sé por qué haces esto. Siempre lo hiciste, dentro de tu mente, siempre pensabas cosas en qué decir, siempre pensabas más, aunque los demás creyeran que eras muda o tímida, en el fondo tú sabías que jamás sabrían la verdad. Tú eras una chica normal, ¿qué te ha pasado? Tú reías, jugabas y tenías amigos como todos los demás. Siempre notaste que, por alguna extraña razón, eras el centro de atención, para burlas y peleas, que intentabas no llamar la atención, pero siempre había alguien que se empeñaba en que destacaras. Poco a poco empezaste a superar eso, para que no se rieran de ti, no hablabas; para que no te pegaran, corrías; para no destacar, intentabas aparentar ser otra persona. Te refugiaste en tu casa, y en los odiados estudios. Se te daba bien, pero no te gustaba ser una empollona; por eso siempre dejabas ver que eras despistada, floja y que pasabas un poco.

Siempre se aprovecharon de ti, y pocas veces tuviste la sensación de que no te sentías sola, era más fácil de pequeña, ¿verdad? Tu mente maduró, incluso te atreverías a decir que por estar acompañada siempre de gente mayor que tú, siempre se empeñaron en enseñarte de la vida, cuando realmente te demostraron que no tenían ninguna idea. Pero te sirvió para darte cuenta de cosas que otros no se habrían parado a pensar, te sirvió en cierto modo para tener una cabeza más fría y pensar más.

Finalmente te acostumbraste, ¿no?. No fue fácil, pero lo hiciste, olvidaste tu juventud, olvidaste tus amigos, olvidaste quién fuiste y creaste tu nueva personalidad, más afín a tu cabeza, más coherente. Decidiste que fuera así, elegiste una actitud negativa en cabeza, elegiste ser pesimista y desconfiar cuando las cosas fueran bien, pensabas que así no te sorprenderías. Externamente, mostrabas una actitud aparentemente normal, reías, hacías reír y siempre se te dio bien escuchar; y por alguna extraña razón todo el mundo se empeñaba en contarte sus problemas. Te diste cuenta de que la persona sólo piensa en la persona, y le importa sólo su persona.

Ahora, vuelta a empezar, quieres corregir esta nueva personalidad y le quieres añadir una pizca de azúcar, quieres ver la vida de otro modo, y es ahora cuando intentas vivir la vida lo más feliz posible. Hacer lo que quieras hacer, disfrutar y soñar despierta. Sentirte viva después de tanto tiempo es lo mejor que te ha pasado en tu vida. Y, por ahora, él es una de las personas que nunca te ha defraudado, sino que siempre ha estado a tu lado.

Te daré un consejo. Bueno, me lo daré a mí misma: “Deja de pensar, y haz lo que realmente quieras hacer”.

Atentamente, de ti misma a ti misma.

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