Lazos de amor

Desde que era pequeña, si dejaba su mano colgando a un lado de la cama, otra mano tomaba la suya y le calmaba afectuosamente la angustia por muy intensa que fuera. A menudo, cuando sin darse cuenta suspendía la mano a un lado de la cama y se sorprendía al percibir que otra mano asía la suya, la retiraba de un modo reflejo y de esta forma se rompía la unión.

Siempre sabía cuándo alargar la mano para sentirse reconfortada. Evidentemente, no había nadie debajo de su cama.

Iba creciendo, y la mano permanecía a su lado. Se casó, pero nunca le contó esta experiencia a su marido porque pensaba que la consideraría muy infantil.

Cuando se quedó embarazada por primera vez, la mano desapareció. Echaba mucho de menos aquella compañía, tan afectuosa y leal. Ya no tenía una mano que tomara la suya de un modo tan tierno y reconfortante.

Nació su bebé, una hermosa niña. Poco después de su nacimiento, una noche que estaban juntas en la cama, la niña tomó la mano de su madre. De repente, su mente y su cuerpo reconocieron aquel sentimiento tan familiar y profundo. Su protector había vuelto.

Lloró de alegría y sintió una oleada de amor y una conexión que ella sabía que iba mucho más allá del ámbito físico...


"Lazos de amor", B. Weiss