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Reflexiones sobre la vejez 2

Ahora soy, probablemente por primera vez en mi vida, la persona que siempre he querido ser.

"...Una persona joven me preguntó cómo me sentía siendo vieja. Esta pregunta me chocó un poco, ya que no pensaba en mí como vieja. Viendo mi reacción, el chico se quedó confundido, pero le expliqué que su pregunta era interesante, y que lo pensaría y se lo haría saber después de reflexionarlo.

La vejez, decidí, es un regalo. Ahora soy, probablemente por primera vez en mi vida, la persona que siempre he querido ser. ¡Oh, no mi cuerpo! Me desespero alguna vez sobre mi cuerpo, las arrugas, los ojos hinchados o el pecho y trasero caídos. Y a veces me frustro por lo vieja que me veo en el espejo, pero no pienso sobre ello mucho tiempo. Nunca cambiaría mis amigos asombrosos, mi vida maravillosa, mi familia cariñosa por un pelo menos gris o un vientre más plano.

Envejeciendo me he hecho más buena conmigo misma y menos crítica. Me he hecho amiga de mí misma. No me regaño por comer una galleta de más, o por no hacer mi cama, o por comprar algunas cosas que no necesito pero que me gusta tener en mi casa. Pienso que me lo merezco y me doy el permiso de una extravagancia de vez en cuando.

He visto a muchos amigos queridos dejar este mundo demasiado pronto; antes de que pudieran entender la gran libertad que viene con el envejecimiento. Si elijo leer o jugar en la computadora hasta las 4 de la madrugada y después dormir hasta mediodía es asunto mío. Bailo conmigo misma al son de esas notas maravillosas de los años 60 ó 70 y si, al mismo tiempo, deseo llorar por un amor perdido, lo hago. Ando por la playa en un bañador demasiado estrecho para mi cuerpo y me zambullo en las olas con abandono si elijo hacerlo a pesar de la mirada de compasión de los que me miran. Ellos también se harán viejos.

Sé que, a veces, soy olvidadiza. Pero allí, otra vez, algo de la vida se puede más bien olvidar. Y al final recuerdo las cosas importantes. Es cierto también que en mi vida mi corazón a veces se ha roto, pero cómo puede tu corazón no romperse cuando pierdes a una persona querida, o cuando un niño sufre, o hasta cuando tu perro querido es matado por un coche. Pero los corazones rotos son lo que nos dan elasticidad, fuerza, comprensión y compasión. Un corazón que nunca se ha roto es prístino y estéril y nunca conocerá la alegría de ser imperfecto.

Me siento bendecida por haber vivido lo suficiente como para tener mi pelo gris, y para hacer que mis risas jóvenes se hayan grabado en surcos profundos en mi cara. Muchos que nunca se han reído, se han muerto antes de que su pelo se volviera de plata. Cuando te haces viejo es más fácil ser positivo. Te preocupas menos por lo que piensa la gente. Te has ganado el derecho a no ser perfecto. Así pues, para contestar a la pregunta, me gusta ser vieja. Me ha dado la libertad. Me gusta la persona en que me he convertido. No voy a vivir para siempre, pero mientras estoy aún aquí, no perderé el tiempo en lamentarme por lo que habría podido ser o en preocuparme por lo que será.

Comeré el postre cada día (si me da la gana).

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