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Ya no me importa

Ya no me importa decir sin rubor, que no estoy enterada de algún acontecimiento, o de un libro que ha salido recientemente. Consciente de mis limitaciones como ser humano, asumí desde hace varios años que mis posibilidades son limitadas para conocer y aprender cuanto acontece en el mundo.

Ya no me importa decir algo tan simple como: “No, no lo sé. Voy a investigar”. O, sencillamente, “No, no lo sé, y no me interesa averiguarlo”.

Ya no me importa decir que me equivoqué. Aprendí, a fuerza de desventuras, que equivocarse es una condición intrínseca al ser humano. Pero reconocerse vulnerable, capaz de equivocarse y reconocer el error y decirlo públicamente dista mucho de la realidad. Sólo cuando se asume con conciencia la condición humana, estamos preparados para decir frases tan sencillas como: “Perdóname, me equivoqué.”

Ya no me importa decir los años que tengo. Cumplí en septiembre la hermosa cantidad de 53 años. Como dicen los chinos, “lo importante no es haber nacido, sino haber vivido.” Nadie nos preguntó si queríamos nacer. Nos trajeron al mundo. Luego, con conciencia, decidimos vivir. Y para vivir hay que cumplir años. Tengo 53 años porque he vivido 53 primaveras, 53 inviernos, 53 veranos y 53 otoños.

He tenido la gran dicha de haber presenciado 19345 amaneceres y atardeceres; y espero ser testigo de muchos más. Ya no me importa exhibir por todas partes el platinado de mi pelo. Dejé el subterfugio femenino de ocultarlo por una disposición médica. Hoy, algunos años después de verme obligada, camino oronda por los rincones de la vida, mostrando con orgullo que sobre este cuerpo han transcurrido algo más de cinco décadas.

Ya no me importa decir que no puedo. Antes, presionada por la exigencia personal de desarrollar una carrera, vivía transitando como un tren desenfrenado por la vida.

Hoy, tengo conciencia de que la vida es un equilibrio, precario a veces: tiempo para el trabajo, tiempo para el esposo, tiempo para escribir, tiempo para los amigos, para los compromisos con los demás, tiempo para el silencio, tiempo para contemplar...

Tiempo para vivir.

Ya no me importa tener muchas más libras que cuando tenía 25 años. Quizás he perdido la batalla frontal con el peso; pero he asumido que con los años, mi cuerpo no será nunca más el de antes. Me preocupa más ahora comer sano y hacer ejercicios para tener una vida saludable.

Ya no me importa decir a viva voz que tengo muchos sueños no cumplidos. Porque entiendo que la vida es un reto cotidiano de caminar, detenerse, volver sobre lo transitado y de llegar hasta donde se puede. Porque he aprendido las cosas que me importan. Me importa el amor incondicional hacia la pareja, la familia y el mundo. Me importa la sinceridad, aunque me duela cuando me dicen algo duro, aunque pueda dolerle a quien le digo algo sincero. Me importa la verdad, aunque muchos quieran no verla. Me importa la amistad, aunque hayan existido amigos que me han herido. Me importa la familia, con sus dramas y alegrías. Me importa la justicia, por eso elevo mi voz ante tantas injusticias. Me importa la vida, por eso no me sacio en reivindicar el valor de vivirla a plenitud.

Me importa escribir, porque es mi manera de liberar el alma.


Mu-Kien Adriana Sang Beng

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