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Policía bueno, policía malo

En las películas policiales, a menudo se muestra que un policía intimida y humilla al sospechoso, y su compañero simpatiza con él, busca comprenderlo y lo trata con amabilidad. Esta dinámica se conoce popularmente como "policía bueno/policía malo".

Muchos padres caen en la dualidad bueno/malo cuando se relacionan con sus hijos, especialmente cuando intentan educarles. La madre cumple el rol de "policía bueno" y el padre el de "policía malo", o viceversa. Por ejemplo, ella perdona a sus hijos y él les castiga, o él se ríe de sus travesuras y ella se enfada. Podemos comprobar esta dinámica en las siguientes situaciones familiares:


Escena 1:

Hijo: No aprobé historia.

Padre: Te prohíbo salir, hasta que no sepas perfectamente todos los temas. Si la próxima no apruebas... ¡ya verás!

Madre: No le hagas caso a tu padre, que reacciona así porque está enojado, cuéntame qué te pasó...


Escena 2:

Hija: ¿Puedo ver esta película?

Madre: No, es prohibida para menores.

Padre: Déjala, sólo se ve un poco de sangre. Tu madre siempre exagera... Puedes verla.


Escena 3:

Madre: Lucas, ¿por qué no saliste a jugar con tus amigos?

Hijo: Papá me castigó por arruinarle unos papeles, y me dijo que no saldría en toda la semana.

Madre: Anda y juega un rato, prometo no decirle nada.


Es natural que un padre y una madre traten a sus hijos de forma diferente, ya que ellos son personas diferentes. El problema no es la existencia de diferencias, sino la polarización resultante cuando cada padre extrema su propio estilo y rigidiza su posición. Por ejemplo, la madre piensa que el padre es demasiado crítico y exigente. Entonces, ella se vuelve más contemplativa y permisiva. Comienza a desdecir los mandatos de su pareja y busca complacer a sus hijos. Por su parte, el padre percibe esta "suavidad" como perjudicial para los hijos (porque no contribuye a su educación) y para él mismo (ya que coloca a los niños en su contra). Como respuesta a ello, aumenta su dureza... ¡a lo que la madre responde con más condescendencia!

Esta desalineación e incoherencia entre los padres asusta y confunde a los hijos. Ante las inseguridades y contradicciones de los adultos, los niños no saben cómo reaccionar. Algunos se sienten culpables por los conflictos entre sus padres; otros se esfuerzan por ser "el hijo perfecto"; otros se recluyen en una profunda depresión, que les aleja de sus padres y corta su comunicación; y hay hijos que deciden ignorar completamente a ambos padres y hacer aquello que les parece.

Evidentemente, estamos ante una situación que daña emocionalmente a los hijos y atenta contra la misión educadora de los padres. Para evitar estas indeseables consecuencias, ambos padres necesitan apartarse de los roles de "policía bueno" y "policía malo".

Como primer medida, cada uno debe reconocer su posición extrema y entender cómo perjudica su capacidad de liderazgo ante sus hijos. En segundo lugar, debe comprender que su pareja persigue sus mismos objetivos (criar hijos felices, responsables y sensatos), sólo que con otros medios. Luego, ambos padres deben acercarse y conversar sobre cómo están interactuando con sus hijos.

En su diálogo, padre y madre necesitan acordar un estilo de paternidad coherente en lo que refiere a reglas y disciplina. El "blando" debe aprender a hacer responsables a los hijos por sus faltas, en lugar de taparlas para evitar disgustarles. Por su parte, el "duro" debe aprender a considerar los sentimientos del niño, a perdonar y a educar, en lugar de apelar siempre a la acusación y al castigo.

En una familia unida, los padres dialogan acerca de los retos de la paternidad, buscan entenderse, respetar sus diferencias y alinear sus decisiones. A medida que su relación se vuelve más íntima con el paso de los años, ambos logran un equilibrio: se parecen cada vez más, comparten intereses y formas de hacer las cosas y construyen una relación más consistente.

La paternidad es un "trabajo en equipo", cuyo éxito depende de que padre y madre compartan expectativas, objetivos y criterios de decisión. Si deseamos ser mejores padres y lograr una influencia profunda y duradera en nuestros hijos, evitemos caer en la dualidad bueno/malo... y enviémosles un mensaje claro y unificado.

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