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Quedan pocas nubes disponibles

Sonia, joven profesional, pronto vio llegar la maternidad con mucha alegría. Sus ojos brillaron de amor a sus hijos y pronto tuvo que dejar su profesión para dedicarse a ellos. Es que es muy importante estar al lado de los niños en sus primeros años de su vida, pensó.

Llegaron tres hijos y esto ocupó varios años de su vida, porque después que crecieron, había que tenerles su ropa, alimentos, ayudarles en sus deberes escolares, atender al marido, mantener la casa limpia y ordenada, y esas múltiples tareas que algunas mujeres realizan y que no siempre son debidamente reconocidas.

Sonia no tuvo tiempo de leer ni estudiar más. Desde luego, cada vez se hizo más lejana la posibilidad de retomar su profesión. Pero no era difícil consolarse pensando en que pronto los hijos egresarían de sus estudios secundarios y serían más independientes.

Sin embargo, ellos quisieron entrar a la universidad y Sonia con su marido se esforzaron para que tuvieran éxito en ese empeño. Esto significó más trabajo y procurarse más dinero para pagar los estudios. Sonia se postergó a sí misma una vez más, pero los hijos son lo más importante y ya tendrá tiempo, cuando ellos sean profesionales.

Con sus hijos titulados, llegó el tiempo para que sus padres, después de toda una vida consagrada a ellos, pudieran hacer lo que tanto les gustaba: si bien ella ya no podía ira la universidad y tener su profesión, al menos ambos podían desarrollarse como personas, aprender, estudiar, participar de grupos de crecimiento personal, viajar...

Pero no se pudo. Los hijos les trajeron los nietos. Y lo que parecían ser algunas visitas gratas para compartir con ellos, se transformó en hacerse cargo de ellos, pues sus hijos recién casados no tenían mucho dinero. Además, decidieron seguir estudiando cursos de post grado para tener una mejor posición en la vida.

Bueno, Sonia casi ni se dio cuenta que se había postergado a sí misma nuevamente. ¡Es que los nietos traen tanta felicidad! Y como sus hijos no tuvieron consideración con sus padres, se aprovecharon de la situación para dejárselos y para que ellos, sus padres, siguieran haciéndose cargo de la manutención de la casa. Ahora era más difícil sí, porque tenían más años y el cuerpo físico no es el mismo. Pero por el gozo de tener los nietos, por la alegría de ayudar a sus “niños” ya de treinta años, Sonia y su marido no se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo.

Algunas veces, eso sí, podrían ir a algún grupo de desarrollo personal, a algún club o algún curso. Y total, esto era mientras los “niños” terminaban sus cursos de perfeccionamiento.

Pero ellos terminaron y no tuvieron dinero suficiente todavía para independizarse totalmente. Como no pensaron que sus padres, ya ancianos, no les quedaba mucho tiempo en esta vida y que merecían, después de tanto dedicarse a los demás, darse un tiempo a sí mismos... enfermaron. Sus cuerpos ancianos no resistieron tanto esfuerzo.

Y cuando Sonia y su marido se fueron de este mundo prematuramente, afortunada y sorprendentemente, sus hijos pudieron seguir sus vidas, reducir un poco algunos gastos y gustos, contratar a alguien que cuidara de sus hijos y, de vez en cuando, pensaron en lo lamentable que sus padres no pudieran participar de las actividades que tanto les gustaban.

Mientras tanto, los padres, en el Cielo, participan de grupos de estudio y de crecimiento personal que los ángeles han organizado para estos casos. Son un éxito, pues están repletos de abuelos, y las nubes se hacen pocas para albergar a tantos alumnos inquietos que, además, ya no tienen la limitación de un cuerpo físico cansado y que, incluso, están llenos de amor, comprensión y compasión para sus hijos…

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