A dónde corres

Una jovencita cuenta la historia de algo que sucedió mientras su papá estaba cazando venados en un bosque:

Con el rifle ajustado a sus brazos, mi padre iba por un camino de leñadores casi borrado por la exuberante espesura. Caía la tarde y estaba pensando en regresar al campamento cuando oyó un ruido entre los arbustos cerca de él. Antes de que tuviera oportunidad de levantar el rifle, un bultito castaño y blanco corrió hacia él a toda velocidad.

Todo sucedió tan rápido, que papá apenas tuvo tiempo de pensar. Miró hacia abajo y allí estaba un conejillo castaño (en extremo agotado) acurrucado contra sus piernas, entre sus botas. El animalito temblaba como una hoja, pero allí se quedó sin moverse. Esto era sumamente raro, los conejos silvestres tienen miedo de la gente, y ni siquiera es fácil llegar a ver alguno, mucho menos uno que venga y se siente en nuestros pies.

Mientras papá trataba de encontrarle explicación a aquello, otro actor entró en la escena: más abajo, una comadreja saltó al camino, cuando vio a mi padre y a la que consideraba su presa, sentada a sus pies. El predador quedó congelado, el hocico jadeante y los ojos con un brillo rojo. Papá comprendió entonces que había irrumpido en medio de un pequeño drama de vida y muerte en el bosque. El conejillo, exhausto por la persecución, estaba a sólo minutos de la muerte, papá era su última esperanza de refugio.

Olvidando su natural recelo y miedo, el animalito instintivamente se había pegado a él buscando protección de los afilados dientes de su implacable enemigo.

Mi padre no lo decepcionó: alzó su rifle, apuntó y disparó al suelo justo debajo de la comadreja. El animal pareció saltar casi recto al aire un par de pies y entró de nuevo hacia el bosque a la velocidad que sus patas le permitieron. Durante un rato el conejillo no se movió. Siguió echadito allí, acurrucado entre los pies de mi padre, mientras él le hablaba suavemente:

- Parece que esta noche te has librado de tu enemigo. Creo que la comadreja no te molestará por un tiempo.

El conejito dejó de temblar y se fue corriendo, alejándose de mi padre para entrar en el bosque.

¿A dónde corres en momentos de necesidad?, ¿a dónde corres cuando te persiguen predadores como los problemas, las preocupaciones y los temores?, ¿dónde te escondes cuando tu pasado te persigue como una comadreja implacable tratando de destruirte?, ¿dónde buscas protección cuando la corrupción y la maldad amenazan con vencerte?, ¿a dónde te vuelves cuando tu energía se agota, cuando la debilidad te embarga y sientes que no puedes huir por más tiempo?, ¿te vuelves a tu protector, a Aquel que está firme, con los brazos abiertos, esperando que vuelvas y te refugies en la seguridad de todo lo que Él es?


Kay Arthur