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Como el roble

Todas las veces que nos topamos con problemas en nuestra vida, nos lamentamos de lo frágiles que somos. Las alegrías se van y solamente sentimos la verdad de que somos impotentes para lidiar con adversidades que surgen en el transcurso de nuestra existencia.

Dios nos proporciona interesantes lecciones en su creación que nos muestran lo contrario, es decir, que el hombre fue creado fuerte, y que esa fuerza es adquirida y absorbida de las situaciones adversas. ¿Conoces un árbol llamado roble?

Efectivamente, ese árbol es usado por los botánicos y geólogos como un medidor de catástrofes naturales del ambiente. Cuando quieren saber el índice de temporales y tempestades ocurridas en un determinado bosque, de inmediato se dirigen para observar al roble (si existe en la localidad, es claro), ya que es el árbol que por naturaleza absorbe más las consecuencias de los temporales.

Mientras más temporales y tempestades enfrenta un roble, más fuerte se vuelve. Sus raíces se hunden más en la tierra y su tronco se torna más robusto, siendo imposible para una tempestad arrancarlo del suelo o derribarlo.

Pero no pienses que los científicos necesitan hacer muchos análisis para saber lo que quieren. Basta que miren el roble. Debido a que absorbe las consecuencias de las tempestades, el robusto árbol asume una apariencia deforme, como demostrando la fuerza que en realidad hizo. ¡Muchas veces es una apariencia triste! Cada tempestad para un roble es más un desafío a vencer que una amenaza. En una fuerte tempestad, muchos árboles son arrancados. Pero el roble permanece firme.

Así debemos actuar nosotros. Debemos aprovechar las situaciones contrarias a nuestra vida para volvernos más fuertes. Tal vez un poco marcados. Muchas veces con apariencia abatida... ¡Pero fuertes! ¡Con las raíces bien firmes y profundas en la tierra!

Aprendamos la lección que Dios nos muestra en ese árbol. Cuando estés pasando por luchas muy grandes, piensa... "es solamente una tempestad más que me volverá más fuerte". Y cuando veas por tu ventana el lindo amanecer, recuerda que no debes temer a los infortunios del día, pues así como Dios protege al roble, te protege a ti.

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