Con las manos vacías

¡Qué será tu presencia cuando rinda mis cuentas
de las horas vividas, de mis horas desiertas!
Tú, Creador de los mundos, de la luz, de los días,
yo sin nada en las manos... con las manos vacías.
Ay, Señor, qué vergüenza cuando llegue a tu vista,
- cuando estando en el mundo, ya en el mundo no exista-.

Pedirás que te diga lo que Tú ya sabías:
que te explique la causa de mis manos vacías...
No valdrán las excusas que mi mente alimenta,
porque todas del tiempo no completan la cuenta.
Te diré que en mi tiempo fabriqué fantasías...
Me dirás que a Ti llego con las manos vacías.

Trataré con mis manos, de abarcarme a mí mismo,
y decirte que llevo en las manos mi abismo,
que no llevo las obras que de mí esperarías,
mas no llego a tu vista con las manos vacías.

Sonreirás del intento de abarcarme a mí mismo
y tratar con mis manos de abarcar el abismo.
Mostrarás Tú tus manos, cuando extienda las mías,
y veré que he llegado con las manos vacías.

¡Qué dolor cuando mire cómo sangran tus llagas,
-la maldad de los hombres que en amor Tú le pagas-
te diré: Jesucristo, por tus crueles sangrías,
da perdón al que viene con las manos vacías!


Dr. Mario Garrido Lecona, México