Aforismos de Jose Naroski

Una habitación llena de libros no siempre indica un lector. Puede indicar un librero.

La memoria es una especie de caja registradora que funciona mal. Suele anotar las monedas y omitir los pesos.

Sobre relación humana, solidaridad humana y comprensión humana leemos y escuchamos tanto, que nos quita el tiempo para sonreír a nuestro vecino.

Cuando mis hijos me ven amigo, me siento padre...

Dicen que en el niño ya está el hombre. Y en el hombre, ¿dónde está el niño?

El dolor infantil tiene todos los ingredientes del dolor adulto.

De una infancia triste no siempre resulta una vida triste.

Castigamos el capricho del niño, ¿y el del hombre?

¡La alegría de la adolescencia! Oí esto tantas veces que estuve a punto de creerlo.

Muchos aprenden, pero pocos saben.

La muerte de los que no han vivido es una muerte pequeña.

Para matar a un cóndor majestuoso, sólo basta una gota de veneno.

Si los muertos tuviesen la posibilidad de resucitar, no todos aceptarían.

El hombre no venció al espacio. Sólo comprobó su propia pequeñez.

Unos llenan su agenda de citas para sentir pleno su día, y otros lo sienten más pleno con su agenda vacía.

La cultura puede pasar inadvertida, pero la incultura se lleva a flor de piel.

El hombre superior reconoce sus defectos; el mediocre ni acepta tenerlos.

El ignorante tiene algo envidiable: su seguridad.

El empobrecimiento material preocupa al hombre. El empobrecimiento espiritual ni lo nota.

Con algunas de nuestras virtudes, nos molestamos.

Cuando el intelectual discute con el ignorante, baja el intelectual sin que suba el ignorante.