Cuando se habla mal de una persona

Cuando se habla mal de una persona se lesionan los intereses de tres:

1.- Los de la persona que habla.

Dios nos ha dado el regalo de hablar. Cuando hacemos mal uso de él utilizándolo para crear discordia entre dos o más personas, para rebajarlas, o para hablar de sus asuntos de tipo personal, estamos "matándonos" a nosotros mismos ante los ojos de quien está escuchando y ante Dios.

En el momento en que hablas de alguna persona y otros se inclinan a escuchar atentamente lo que estás diciendo, te sientes "coronado", eres el rey o la reina del momento, pero es sólo eso, un momento, pues en cuanto la "mugre" se comparte y se riega no serás tú la persona a quien alguien venga a pedir un consejo o a quien le puedan confiar su vida; después de todo, esas personas saben que sólo serán parte de tu "diversión social".

Cuando escuchas atentamente lo que se dice de una persona, te sientes unida a quien habla considerándolo tu amigo, sientes que son ustedes contra el mundo, igual pasa cuando eres tú quien habla y los demás se te unen, pero, seguro te preguntarás qué se dice de ti cuando no estás, ¿no?

Seamos realistas, querer rebajar a una persona tratando de hablar mal de ella solo nos rebaja a nosotros mismos. No te "cuelgues" de las personas, mejor aprende de ellas.


2.- Los de la persona de quien estás hablando:

Una persona que vive su vida sin saber que tú estás hablando mal de ella es como si la estuvieras "matando" ante los ojos de las demás, afectas la manera o la forma en la que los demás la ven, un daño irreparable puede ser hecho con cada palabra tuya, ya sea que la información sea verdadera o no.

El buen nombre o la reputación de una persona es parte de su alegría de vivir, nadie lo puede negar. La honestidad, la bondad, la integridad, ser caritativo, una persona recta, es algo que se desarrolla a través de los años, pero puede ser destruido en el momento en que alguien habla mal de ella. Muchas veces este daño es irreparable, por lo menos ante cierto círculo de personas.


3.- Los de las personas que están escuchando.

El Talmud (libro que recopila las discusiones de los rabinos) dice que se hace más daño aquella persona que escucha, que la que habla. Peor que decir chismes es escucharlos.

Es bien sabido que hablar mal de otras personas no es una práctica que se deba hacer, sin embargo también es sabido que la mayoría de las personas lo hacemos y, ¿por qué la persona que escucha es quien hace mayor mal?

La respuesta está encerrada en esta palabra: "pasividad", de las tres partes que participan en esto, el que escucha es el único que tiene la posibilidad de detener el habla negativa. Quien habla mal de otros ya decidió hacerlo, la persona sobre la que se habla no tiene control sobre esta situación, pero el que escucha es el único que tiene el poder de cambiar el curso de la conversación, es el que sería responsable de que lo que se hable mal de otra persona siga su curso o no por lo menos en ese momento y con las personas que estén participando.

Cuando leemos artículos o comentarios dañinos que detallan situaciones privadas de una persona, seguramente la dañarán, allí tenemos el tiempo para decidir si queremos seguir leyendo o no lo que está plasmado allí, pero... ¿para qué desperdiciar nuestras vidas en eso? ¿Es solo una emoción momentánea que sin embargo te ocasiona un daño permanente o es una forma enfermiza de entretenimiento a expensas de otros?

Nada justifica esta acción. Reputaciones destruidas, relaciones dañadas, familias, círculos de amigos y sociedades que se rompen, no hay fin.

Tú, si... Tú, no tienes ni siquiera el permiso de hablar mal de ti mismo, si lo haces te estarías rebajando, estarías diciendo que Dios se equivocó al crearte así, pero recuerda que Dios no creó basura, creó hombres hechos a su imagen y semejanza, entonces olvídate de el diálogo despreciativo.

Eres único. Eres especial. Tienes potencial y grandeza... Úsalo para bien.

Todos en algún momento nos equivocamos; sin embargo, cada amanecer de un nuevo día es siempre una nueva oportunidad para cambiar. Si hoy pensamos que ayer hicimos algo mal, pidamos perdón, perdonemos, llenémonos de amor y continuemos a una nueva visión de la vida, de nosotros mismos y de todos los que están a nuestro alrededor, caminemos hacia el crecimiento y el despertar a la espiritualidad.