Efímero

Lo que ahora tienes en las manos, lo que piensas, lo que has perdido, lo que no, lo que deseas, lo que jamás tendrás.

Mi cuerpo completo, el de él incompleto, el tuyo quizá herido, los ojos dispares, la perfección carnal, la imperfección bella, las comparaciones odiosas, el toque mágico de lo que ves con mirada mundana, que esconde la verdadera esencia del ser.

Mis palabras tristes, las palabras alegres, los libros buenos, los malos, los que se estudian y los que se queman.

La persona que se va, la que espera, la que ya se fue, aquel que renace, el doliente que jamás obtiene y el que perdió la vida soñando.

Los que pueden lograr, los que envidian, los que bendicen, los que jamás llegarán.

Los que hoy comen y mañana morirán de hambre, los que no tienen nada y mañana seguirán igual.

Los pobres de alma y ricos en billetes, los ricos en oro, los ricos en dones.

El lugar donde Dios ríe, y donde el hombre llora; la esquina de la vida, donde se pierde la inocencia, el mar donde se ahogan los deseos.

El amor que llega, el que se fue, el que murió y el que jamás querrá ser herido.

Los que ven a Dios, los que se creen ángeles, los que oran y piden, los que no rezan y obtienen igual un camino hacia el Buen Dios que desconozco, los buenos y malos, los que hieren y los que sanan.

El viento, el mar, el frío y una noche solitaria, para después ver el sol nuevamente.

La angustia de no tener, o la maldición de tener todo. La soledad tan temida y la ansiedad por estar solo.

Los que mienten por bondad o maldad, y los que se mienten a sí mismos.

La fábrica de ilusiones, las esperanzas heridas, el sueño que eleva el alma y embriaga de día y de noche.

El cuerpo que tienes entre manos, el cuerpo que jamás tocarás, el beso que doy, y el que jamás me darán.

Tu padre sentado a la mesa, y tú negando sus palabras; y yo, rezando a Dios, por hablar un segundo con el mío.

Mi madre a mí lado contando los días que pasan; y tú, llorando a la tuya porque la extrañas.

Lo que recuerdas y lo que no vale la pena recordar, lo que te hace reír cuando tu mente vaga en el pasado, y lo que te hace disgustar.

La mascota que prefieres, el animal que odias, el terror al animal más común, y la admiración por el más abominable.

El consejo que me dieron, el consejo que no llegó a tiempo, las palabras expresadas en el momento exacto, y las que aún retumban en tus oídos.

Mirando como pasan los años, quizá tú acariciando a tu hijo y a tu esposa, yo queriendo navegar en los mares y perderme por ahí; aquel, soñando con lo tuyo, y el que tiene lo mismo que tú, deseando lo mío.

El amor, el engaño, el dolor, y la alegría.

Un día querer morir, o querer renacer... y después de eso nuevamente la vida; y al momento de cerrar los ojos, es cuando te das cuenta, que todo es efímero.


Jesús Alejandro Godoy