Logo

Visitantes
Total: 1.181.710
Ahora: 1
Hoy: 16
Ayer: 47


2591 canciones,
2985 imágenes gráficas,
1524 midis y 1524 mensajes variados,
2428 fondos para Incredimail y Outlook...

Por el tema de los audios, recomiendo encarecidamente utilizar por orden de preferencia los siguientes navegadores: Firefox, Chrome, Microsoft Edge.
En el móvil y en la tablet, el botón derecho del ratón se consigue presionando en la pantalla el punto u objeto donde se quiera que aparezca el menú contextual.

La ira

Casi todos hemos tenido oportunidad de ver, en alguna ocasión, una persona dominada por la ira. Su aspecto, sus modales y sus palabras infunden temor y, a la vez, una profunda compasión.

La ira es un sentimiento intensamente negativo, que brota y arraiga fácilmente en el alma de quienes están poseídos de amor propio, de orgullo, de vanidad, y pretenden que quienes lo rodean les obedezcan ciegamente sin contradecir jamás sus deseos, ideas o disposiciones, pues su orgullo los hace sentirse superiores a los demás y con derecho a exigirles obediencia y sumisión.

Por eso, cuando los hechos o las palabras de otras personas no coinciden con sus ideas, deseos o conveniencias, o simplemente les molestan, toda la fuerza de esos sentimientos negativos estalla, nublándoles la mente e impidiéndoles razonar.

En su ofuscación se sienten atacados, aunque nadie los ataque, e impulsados a tomar represalias por ofensas que, casi siempre, sólo existen en su imaginación.

Cuanto más se deja arrastrar una persona por el bajo impulso de la ira, más y más ésta se arraiga en su alma, llenando su vida de rencor y descontento por todo.

Por otra parte, el estado de excitación que la ira provoca en la persona produce en ella un desequilibrio nervioso que además de evidenciarse en su aspecto y ademanes, puede producir trastornos fisiológicos de toda índole en su organismo, originando alteraciones que suelen tener consecuencias muy desagradables.

Todo esto nos demuestra lo perjudicial y hasta funesta que resulta la ira para nuestra alma y para nuestro cuerpo, y lo importante que es evitarla y rechazar, con todas nuestras fuerzas, cualquier asomo de ella.

La ira no brota en el alma de quienes son verdaderamente humildes, de quienes aman a todos, de quienes tratan constantemente de perfeccionarse, sino en el alma de aquellos que, como dijimos, se aman excesivamente a sí mismos, son orgullosos y se sienten superiores a los demás.

Esto nos demuestra los beneficios de vivir en el amor y en la humildad y, también, la necesidad de analizar permanentemente nuestros pensamientos, sentimientos y reacciones, a fin de eliminar de nuestra alma el amor propio, origen de tantos y tantos males.

Cuando veamos a una persona dominada por la ira, deberemos considerarla como gravemente enferma, pues la ira es una enfermedad del alma y nuestra reacción no deberá ser de enojo ni de rechazo, sino de amorosa compasión, procurando ayudarle - con nuestros buenos deseos y nuestros buenos pensamientos - a dominar esa enfermedad del alma y liberarse de ella.

En esa forma estaremos obrando de acuerdo con la Ley Divina del Amor.