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La vida como merito o como don

Hay dos maneras de ver la vida: como mérito o como don:.

Cuando la vemos como mérito, como dicen los argentinos, "siempre nos falta un veinte para el peso", nunca es suficiente lo que se nos da, y siempre estamos en actitud de que los demás no hacen lo suficiente por darme lo que merezco, yo pongo todo lo necesario para que los demás sean felices pero los otros no hacen nada para que yo sea feliz, yo he cumplido, yo he hecho todo lo posible y nadie me paga mi entrega, todos me deben, soy un acreedor de la existencia, y puedo pasarme la vida cobrando a todos lo que me deben; desde luego con una carga de amargura, de tristeza, de desánimo, desesperanza.

Esta visión de vida nos conduce a estar inconformes frente a todo, incluso frente a Dios, porque el mismo Dios debería reconocer mis méritos que siento que ya he ganado, incluso los triunfos no podemos disfrutarlos con esta actitud porque son facturas que nos están pagando, son derechos que hemos adquirido.

Desde luego con esta actitud de vida la soberbia nos esclaviza, y rivalizamos con los demás, y todo lo vemos como agresión, todo es competencia, y dejamos nacer el juicio, y racionalizamos nuestros fracasos, justificamos nuestras caídas, nos hacemos víctimas de la vida y de todo lo que nos rodea. Caminamos con una gran inseguridad, teniendo la seguridad en nuestros pequeños e intrascendentes logros.

Está visión de la vida no me permite ver al otro porque me empeño en verme a mí mismo, estoy más atento en lo que doy que en lo que recibo. Lo que doy lo valoro mucho, lo que recibo lo deprecio o menosprecio, porque al fin y al cabo "yo merezco algo más y mejor".

Con la segunda visión de la vida, es decir, la vida como don, todo lo vemos como regalo, todo lo vemos como gratuidad, y entonces tenemos sentimientos y razones para vivir agradecidos, porque sabemos que se nos da más de lo que merecemos.

Todo es gracia, todo es don, y la vida la percibimos más como deudores de ella, debemos más a la vida de lo que nos pudiera deber, Dios nos da más que lo que pueden alcanzar nuestros méritos. Las relaciones con los demás, es compartir, no cobrar.

Valoro más lo que se me da, que lo que yo puedo dar, busco manos vacías para llenarlas de lo que Dios gratuitamente me ha dado, no quiero llenar las mías porque están demasiado llenas, he recibido tanto, la vida ha sido tan generosa conmigo, Dios me ha dado tanto.

Mirar así la vida nos hace brotar de nuestros labios "gracias", gracias por el aire, por la vida, por la salud, por los amigos, por la paz del corazón, gracias por los fracasos, por las noches del alma, gracias por todo, porque bien sé que no se mueve la hoja del árbol sin la voluntad de su dueño. Y para el que ama todo le ayuda para su bien.

Démonos la oportunidad de vivir agradecidos, de vivir enamorados, porque no importa cuáles sean nuestras preguntas, la respuesta siempre habrá de ser la misma... Amar.


P. Idar Hidalgo