Sandro Giacobbe


El jardin prohibido



Esta tarde vengo triste, y tengo que decirte
que tu mejor amiga ha estado entre mis brazos.
Sus ojos me llamaban pidiendo mis caricias,
su cuerpo me rogaba que le diera vida.

Comí del fruto prohibido dejando el vestido
colgado de nuestra inconsciencia,
mi cuerpo fue gozo durante un minuto,
mi mente lloraba tu ausencia,
no lo volveré a hacer más,
no lo volveré a hacer más,

pues mi alma volaba a tu lado
y mis ojos decían cansados
que eras tú, que eras tú,
que siempre serás tú.
Lo siento mucho, la vida es así,
no la he inventado yo.

Si el placer me ha mirado a los ojos
y cogido por mano,
yo me he dejado llevar por mi cuerpo
y me he comportado como un ser humano,
lo siento mucho, la vida es así,
no la he inventado yo.

Sus besos no me permitieron
repetir tu nombre, y el suyo sí,
por eso cuando la abrazaba me acordé de ti.

Comí del fruto prohibido dejando el vestido
colgado de nuestra inconsciencia,
mi cuerpo fue gozo durante un minuto,
mi mente lloraba tu ausencia,
no lo volveré a hacer más,
no lo volveré a hacer más,

pues mi alma volaba a tu lado
y mis ojos decían cansados
que eras tú, que eras tú,
que siempre serás tú.
Lo siento mucho, la vida es así,
no la he inventado yo.

Si el placer me ha mirado a los ojos
y cogido por mano,
yo me he dejado llevar por mi cuerpo
y me he comportado como un ser humano,
lo siento mucho, la vida es así,
no la he inventado yo.