Confesiones de un padre a su hijo

Hijo, no sé si es posible; no sé si a mi edad aún puedo
acortar esta distancia y sacudirme estos miedos...
Quiero cruzar este abismo que entre nosotros abrieron
la ignorancia y el machismo: ¡los padres de mi silencio!
Casi seguro es mejor que miremos un video
o escuchemos a tu ídolo, y a partir de allí, charlemos...
Pero me cuesta, no es fácil con los prejuicios que tengo:
si para vos yo "ya fui"... Si estoy "anclado en el tiempo"...
Si estoy viendo "otro canal"... Y de verdad "me estoy yendo"...

Para colmo, tu mamá siente ya remordimientos
al ver cómo te encerrás en tu cuarto, en tu silencio...
Y me pide y me machaca: "por favor, háblale, viejo..!"
y me lo dice tu madre que conoce tus defectos;
que te quiere y te mezquina, y, entre gritos y reniegos,
te va modelando el alma casi, casi, sin saberlo...

¡Ella sí que se merece que le hagas un monumento..!
Por mi parte, y en mi caso, hijo mío, te confieso:
yo no creo en lo que dicen muchos padres, y más, viendo
este mundo de injusticias, de exclusión y privilegios,
de corrupción y violencia, como el que estamos viviendo?
Basta con ver y escuchar lo que difunden los medios,
y sabrás por qué no hay pan y sobran los armamentos;
y sabrás por qué el planeta gime, enfermo, sin remedios...
Y en vez de agrandar la mesa, ¡prohíben los nacimientos!

La tentación es real y es cosa de nuestro tiempo:
tirar todo por la borda... Querer empezar de cero...
Antes que ser un robot o un esclavo satisfecho,
no intervenir; sólo estar, o "hacer zapping" y... hasta luego.
Para mí, que ustedes, hijo, entre el ruido y el vértigo,
sin la experiencia y el tino que dan la vida y el tiempo,
pero libres de prejuicios, de ambición y falsos miedos,
se rebelan... nos cuestionan... Y están, no más, en lo cierto?

Ya ves, no es fácil la cosa; cuando más y más lo pienso,
menos me animo a exigirte las cosas que me exigieron?
Siento que más que tu padre, debo ser tu compañero,
confiar y esperar el día que en vos viene amaneciendo...
Y aunque te suene a teatro, sabe Dios, que yo, tu viejo,
quiero pedirte perdón por el amor que te adeudo;
quiero ofrecerte el cariño que te escondí tanto tiempo;
quiero decirte en voz alta: ¡te necesito! ¡te quiero!

Yo sé que vas a decirme: "¿recién ahora?" y es cierto;
pero yo quiero ayudarte: sin saberlo cómo, me ofrezco;
más vale tarde que nunca; te acompañaré aprendiendo,
que el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo...

Hijo querido, mira: la vida viene a tu encuentro;
lárgate a vivir, proba; vas a aprender por tu cuero:
sabrás lo que es "un hogar" y lo que cuesta "el puchero"...
Vos, que sos inteligente, ¡ahórrate los sufrimientos...!
Agradécele a la vida haber nacido en el seno
de una familia criolla de alma y de brazos abiertos;
bella escuela de humanismo, de piedad y amor fraterno,
riqueza providencial que, a Dios gracias, aún tenemos.

Si podes, sácale el jugo al estudio y al colegio;
los que aprenden a pensar, tendrán un futuro cierto;
cada vez más en el mundo decide el conocimiento;
recuerda: que sólo es joven aquél que sigue aprendiendo...

Ya sé lo que muchos dicen de esto que te estoy diciendo:
"¿para qué tener un título si no hay trabajo, si es cuento
lo que te vende "la tele" del porvenir y el progreso?"
Ya sé, ¿pero quién te dijo que hay sólo "este modelo"?
Por suerte, en muchos lugares, hoy mismo está sucediendo,
en chico, bajo el rescoldo de la humildad y el silencio,
que la solidaridad es la brasita de un fuego
que está encendiendo la fiesta, muchacho, de un mundo nuevo.

Aunque en tus códigos rija la ley del menor esfuerzo
y la sociedad te ofrezca felicidad por sorteo,
sabrás que en la vida gana quien se juega y se da entero;
nunca el que arruga y se niega,