Cuando se es mayor

La segunda mitad de la vida puede ser mejor que la primera. Para que ello suceda hay que tener en cuenta una serie de recomendaciones, que muchos profesores formulan con base en investigaciones profundas sobre la conducta, los hábitos de vida y la felicidad de quienes ya tienen arrugas y canas.

Resumimos y comentamos algunas de esas sugerencias, las que más nos llamaron la atención:

-La felicidad no es un accidente.
Se puede aumentar si uno toma conciencia de lo que está haciendo y de lo que está dejando de hacer, y asume el compromiso de cambiar lo que no le gusta.

-Hay que intentar siempre hacer cosas nuevas.
Las personas que viven en la rutina, son 26 por ciento menos optimistas sobre su futuro, cuando se les compara con quienes están constantemente haciendo pequeñas o grandes innovaciones en su vida.

-Disfrute las muchas cosas bellas que hay a su alrededor.
Un amanecer, una flor, una obra de arte, una pieza musical, una buena jugada en el fútbol, la sonrisa de un extraño, la ternura de un bebé o el regreso a casa; son apenas unos pocos ejemplos, de las muchas cosas maravillosas que a diario suceden y que no gozamos a plenitud.

-Nunca se jubile.
Las personas activas sufren de depresión y otras enfermedades en menor proporción que los que poco o nada hacen. Mantener la mente y el cuerpo en acción es la mejor manera de conservar un espíritu joven.

-No vea el noticiero de televisión.
Las malas noticias frecuentes producen sentimientos negativos acerca del futuro. Hay que tratar de mantener al mínimo indispensable las malas noticias.

-Exprese su propia personalidad.
Haga lo que haga, después de los 40 años es necesario que lo haga con su propio estilo, con su propia voz, dejando siempre su huella personal en cada paso.

-El dinero no compra la felicidad.
Esta afirmación que parece no ser cierta en la primera mitad de la vida, se convierte en una realidad en la segunda parte. Porque las personas se dan cuenta que prácticamente siempre los momentos felices que han vivido, nada han tenido que ver con el dinero.

-Mantenga sus temores a raya.
Imaginarse problemas futuros, preocuparse más de la cuenta, vivir asustado, es la mejor manera de amargarse la vida. Hay que procurar mantener la mente despejada y fresca el alma.

-Los días por venir pueden ser mejores que los días del pasado.
Cuanta más credibilidad tenga este planteamiento, mayor es la probabilidad de que este deseo se materialice. Porque hay múltiples evidencias que demuestran que mucho de lo que nos sucede, es producto de la actitud que tengamos frente a la vida.

-No se aisle, sea abierto, sea receptivo, involúcrese con mucha gente, interésese en sus vidas.
Así descubrirá aficiones comunes, experiencias enriquecedoras y compañía en los momentos difíciles. Marginarse de la familia o de la sociedad es una forma de acelerar el envejecimiento del corazón.

-Hay que ver lo bueno, no sólo lo malo de las transiciones.
Después de los 40 se presentan cambios duros de aceptar, pero en muchos casos esos cambios tienen un componente positivo -se abren puertas a nuevas posibilidades.

-Disfrute la naturaleza.
Salir al campo es muy saludable para el cuerpo, la mente, el espíritu y el corazón. Por esas cosas mágicas de la vida, la belleza de lo natural inspira, relaja y distrae.

-Reconozca que la vida en muchos frentes se descomplica.
Es cierto que para algunas cosas ser joven trae sus ventajas, pero también es verdad que para muchas otras tener cierta edad implica alivio. El 60 por ciento de la gente mayor de 50 años afirma que siente menos estrés, menos ansiedad y más aprecio por la vida que cuando tenían 10 o 20 años menos.

-Haga trabajo voluntario.
Ayudarle a personas necesitadas no sólo es una noble causa, sino un gran remedio para tensiones propias. Quienes ayudan al prójimo