Te quiero, te quiero
Ayer por la tarde de brisa y de frío
un mundo vacío se apropió de mí,
evoqué tu nombre, y en mi desvarío,
algo como un río me arrastró hacia ti.
Estuve a tu lado con toda mi mente,
tocando tu frente con tierna pasión,
desperté turbado, lloré amargamente
tu presencia ausente de mi corazón.
Pensé embelesado en tus tibias manos,
recuerdos lejanos de tan puro amor,
tu pelo, tu boca, tus besos tempranos
rodaron cual granos entre mi dolor.
Cerrando mis ojos repetí insistente,
te quiero, te quiero..., con todo mi ser,
gritó entristecida mi voz que no miente
con tono ferviente, no te he de perder.
No sé lo que tenga que hacer para verte,
no quiero perderte, mi pena es atroz,
si algo me impidiera otra vez tenerte,
prefiero la muerte..., ya lo sabe Dios.
Eliseo León Pretell